domingo, 20 de enero de 2008

¿Racismo en el primer mundo?


En una decisión que no tiene precedentes, el Tribunal Superior de Justicia de Madrid autorizó la marcha convocada por el grupo Democracia Nacional (grupo de ultraderecha) para el 20 de enero próximo, que fue prohibida en un primer momento por la Delegación del Gobierno Autónomo de Madrid.

Esa autorización no merecería ningún tipo de comentario, si es que dicha marcha no tuviera caracteres xenófobos y de violencia (apreciar por favor detenidamente el afiche). En efecto, más allá que el afiche alegue que el fin de la marcha es protestar por la seguridad cuidadana, este difiere ostensiblemente de la forma como Democracia Nacional convocó a sus seguidores mediante su web, en la que llamaban a manifestarse contra: "toda esa escoria venida de tierras lejanas" y "porque cada vez en más barrios la única ley que rige es la ley de los delincuentes, la gran mayoría para colmo, venidos de fuera."

Pese a que no he podido tener acceso al texto de la polémica sentencia, medios de prensa ibéricos refieren que cierta parte de la sociedad madrilista se encuentra seriamente preocupada por los conceptos de xenofobia y racismo que los magistrados han vertido en su sentencia (que recibió dos votos en contra). Así, por ejemplo, se ha señalado que el Tribunal Superior de Justicia ha expresado que los insultos que recoge la web de Democracia Nacional, "como "escoria venida de lejanas tierras", se refieren a "extranjeros delincuentes que se suman a los delincuentes nacionales" y no a los inmigrantes en general" (¿?).

No cabe duda que permitir la realización de marchas de este tipo menoscaban gravemente la posibilidad de una convivencia "armoniosa" entre los españoles y los extranjeros que radican en la península Ibérica. Me atrevo incluso a señalar que aquellos españoles que propician estas actitudes racistas, olvidan que antes de que España pudiera gozar de la bonanza ecónomica y los privilegios que pudo obtener con su ingreso a la UE, muchos de sus compatriotas que en aquella época propugnaban por conseguir puestos de trabajo en paises como Alemania, Reino Unido o Francia, fueron también, en su gran mayoría, objeto de actitudes y comportamientos racistas. Será acaso que: ¿la vaca no se acuerda cuando fue ternera?

Si esto pasa en países a los que se denomina de primer mundo, espero que ello no sea señal de que en páíses como el nuestro, en donde la práctica racista está presente pero no se afronta de manera directa, no podamos cambiar este tipo de actitudes que demuestran intolerancia y peor aún, nos denigran como personas.

Finalmente recomiendo revisar la página web de Democracia Nacional, para tomar conocimiento directo de la prédica de este grupo.

1 comentario:

N.N. dijo...

Interesante la relectura a la luz de las normas sobre inmigración de la Comunidad Europea de estos días... ¿todos demócratas nacionales?

Les dejo unos extractos de la columna de César Hildebrandt del sábado vinculada al tema:

"(...) este columnista piensa, modestamente, que en el caso de la inmigración ilegal el sudaquismo mental y el marcopolismo de patera en el estrecho deberían de buscar mejores argumentos. O sea que eso de pintarnos como víctimas sin remedio nos tiene a algunos hasta la coronilla.
(...)
¿qué es esa grosería de decir que la inmigración ilegal es buena cuando procede de nuestros aeropuertos?
¿Es ilegal o no? Y si es ilegal, ¿en nombre de qué “principio” el sudaquismo la defiende con uñas, dientes y abogados de Azángaro? ¿O es que entre nosotros lo legal y lo ilegal ya han llegado a ser términos vaciados de contenido, intercambiables cuando conviene? ¿O es que como en esta región la ilegalidad es un hábito de masas nos indigna que en Europa se pretenda perseguirla? ¿Queremos exportar a Europa nuestro intenso amor por el legicidio?
(...) cuando el sudaquismo académico nos quiere embarcar en la apología del delito y en el grito 'Pendejada o muerte, venceremos', hay que ser 'políticamente incorrecto' para decir lo que pensamos. Que la Unión Europea invoque una ley votada en un parlamento puede ser materia de mil debates y cien mil cuestionamientos. Pero que en esta parte del mundo volvamos a gimotear en nombre de lo ilegal es algo que dice mucho de nuestra costumbre de mirar al costado y culpar siempre a otro cuando algún problema nos sacude.
(...)Profesamos en Latinoamérica una admiración sin límites por la ilegalidad. No amamos el anarquismo como versión extrema de la libertad y asesinato filosófico del Estado. Lo que amamos es la anarquía, que es su versión policiaca. No hemos entendido que, como se ha dicho mil veces, para ser libres tenemos que ser esclavos de la ley".

http://www.diariolaprimeraperu.com/online/noticia1.php?IDnoticia=18771&EF=2008/06/28&EN=1186